Algún narrador de Carlos Fuentes llegó a decir que nunca falta alguien que sobra. En la película (o balada nocturna) Sur (1988) dirigida por Fernando “Pino” Solanas podríamos decir que todos sus personajes salen sobrando de un tiempo turbulento en la nación Argentina, empapada con tanta música de tango que el bandoneón se vuelve el principal conductor de la historia, sobrepasando al simpático narrador interpretado por Lito Cruz.
Sur, llena de diálogo intrépido e imágenes exactas, lidia con el ‘regreso’ a la libertad, al amor y al deseo de volver a vivir dignamente de su protagonista, Floreal (Miguel Ángel Solá), y plantea un ‘tránsito’ a la democracia de un pueblo roto por las dictaduras del periodo. También es una película de amor complicado con un melancólico papel de Susú Pecoraro como su esposa quien parece siempre mantener una sonriente tristeza. Y al ver como la línea del tiempo se mueve de presente a pasado, saltando sin pedir permiso de tiempo a tiempo, pasa de ser la historia de los que sobran al cuento de los que se quedaron.
En la constante de la película, distintos niveles de la narrativa se mezclan y muchas de las secciones que se cuentan dentro del filme en su totalidad forman una alegoría con ciertas interpretaciones. La confusión de la trama no es tan importante ni nos pone en tantas dificultades, ni trata de darnos lecciones, pues “Pino” Solanas dirige con una maestría que no nos deja ni respirar, al nivel de Chantal Akerman, Edward Yang o Glauber Rocha, a este último le dedican la película, y la Argentina compleja que vemos retratada se puede comparar con un poema de Borges (por ejemplo: “Ausencia”), una novela de Manuel Puig (por ejemplo: “Sangre de Amor Correspondido”) o una lírica de Alfredo Le Pera (Por ejemplo: “Volvió Una Noche”).
Tantos personajes como un coronel, un niño, una joven, otra joven, un intelectual revolucionario, un conjunto de tango, un tartamudo, un cantante carismático, un experto en refrigeración, el fantasma de un amigo, entre otros, enriquecen la alegoría con muchos tipos de sentimientos expresados y cierto humor que contrasta con la atmósfera triste y neblinosa del filme. Parte del genio de Sur es que la simpatía de los personajes se cruza paradójicamente con la insinuación metafórica de que éstas gentes ya están ‘cansadas de morirse’.
No se puede dejar de valorizar al máximo el nivel de empeño que Solanas pone en su dirección, quien crea una semántica de cine que se compone, en imagen y forma, como una pieza muy particular y sin muchas otras películas con las cuales lograr compararla, razón por la que pudiera ser una película poco recordada en el consciente colectivo (ganó mejor dirección en su año en el festival de Cannes y a diferencia de Todo Sobre mi Madre, Fitzcarraldo, Drive, Mulholland Drive, Amores Perros o La Haine que también lo han ganado no se escucha nada sobre ella hoy). Charly García diría que persiste en el inconsciente colectivo.
Algo triste que Sur puede recordarnos es que la exposición de políticas avaras no ha cambiado mucho hasta el día de hoy y problemas criticados en la cinta vistos como cínicos, o absurdos, han empeorado en el ámbito político actual. Tanta guerra, tantos encarcelados, tantos desamores, tanto exilio y tanto gobernante cruel no decrementan al igual que tanta depresión y ansiedad aumentan. Tal vez si viéramos y pensáramos en más películas como esta se haría un poquito de diferencia.
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